por Vanessa Bell
Fotos de Joaquín Neira
Un espacio de arte que no conocía en Villa Crespo y una banda cuya música había escuchado brevemente el día anterior me pintaban un cuadro vacio de expectativas, solo contaba con poco más que un domicilio y un timbre para llegar. Nos encontramos en una puerta indescriptible y la tocamos. Se abrió a un pasillo largo, la discreta entrada de Bungalow Room, un espacio que destaca muestras de talento creativo y sirve como un punto de encuentro para los artistas, y el lugar elegido por el colectivo Arte 2 de Corazones. Era un ambiente acogedor con una barra improvisada donde vendían tragos a precios ´amigables´ y comidas caseras, la carta escrita a mano nos dejó encantados.
La gente, consciente de la moda pero de muy buena onda, era una mezcla diversa de porteños y gringos. “Angel Echoes” de Four Tet sonó de fondo mientras la multitud charlaba. El lugar está compuesto por un taller para hacer serigrafías, con acrílicos apenas secos que brillaban en una multitud de cuadros apilados en filas ordenadas y una biblioteca repleta de herramientas. Un portal te lleva al cuarto contiguo, lo separa una cortina de plástico con dibujos de palmeras con onda sesentista. En el cuarto del fondo eran huéspedes los frescos diseños de Baka, True Blue y Bandoleiro, con una fuerte presencia de serigrafía y colores audaces.
Los paisajes caleidoscópicos de Sol Ganim daban sabor a todas las paredes. Olas irregulares de colores, una interpretación de las curvas de un mapa topográfico, o quizás una referencia sutil de las imágenes cinematográficas de Gondry.


Escuchar Springlizard en los parlantes de la notebook no me preparó para la potencia musical de este dúo argentino-americano en vivo. Resucitados de las cenizas de Alamos, la banda anterior de Jonah Schwartz y Andres Barlesi, importan un sonido acústico parecido al de Calexico, o a la banda slowcore Rex. La presencia de Schwartz es poderosa, su cabeza inclinada hacia atrás, su guitarra agarrada en un ángulo pronunciado, la audiencia cautivada se derrite en sus manos. Pero fue la interacción perfecta entre los dos músicos lo realmente impresionante, las dos guitarras bailaban un ballet de acordes y la voz suave de Barlesi, a veces en la frontera del falsete, se enfrentaba a la voz fuerte de Schwartz.

“Dreams of the Wolf” or “Limberlines” fueron momentos memorables, que me hicieron recordar a Fahey, donde se sustituyó la percusión por las firmes zapateadas de los dos chicos para marcar el ritmo, el crescendo iba mejorado por el hipnótico tiempo de un taco de cuero golpeando la madera.
Se sentía como una improvisada juntada en lo de un amigo, con todos sentados en el piso como indios, los codos apoyados en las rodillas, tranquilos y despreocupados. Nadie quería que termine. Cuando anunciaron el último tema todos reaccionaron con tristeza. Un final agridulce lamentando aquel amor perdido, un show que quedó grabado en mis oídos por horas, mientras volvía en bici a casa.
Arte 2 de Corazones abrirá sus puertas este sábado (30 de Abril) con música de Como Diamantes Telepáticos, más información aquí.

















































































































































