por Isaac Allen
Foto de Andy Donohoe
Traducido por Kevin Vaughn
Hay un chico parado al final de la línea C en Retiro. Me cuenta que le gustan los hombres con barbas y chaquetas de béisbol. Escribe obras de teatro cómicas sobre yerba mate, Ricky Martin, sexualidad, religión y política. Habla Castellano como un Gaucho fachero pero medio crudo, su acento al hablar Inglés es una mezcla entre el de un campeón de boxeo Irlandés y un chic rico. Su nombre es Lorenzo Anzoategeek, se me presentó como Lolo.
Nos juntamos un par de veces en el Club Cultural Matienzo (el que queda en Belgrano), donde me invitaron a ver tres nuevas obras suyas. Lo conocí a él y me presentó a su equipo y amigos, todos eran bastante amables. Pero fue en su casa donde realmente conocí a esta ingeniosa e imparable máquina de ideas. Me invitó para hacer la entrevista, tomamos un par de tragos, fumamos un faso y empezamos a charlar.
Debajo de una nube de humo, reflexionamos filosóficamente sobre muchas cosas más allá del teatro. Lolo es un artista del estilo de Jackson Pollock pero un poco más provocador y con menos dirección. Si nos imaginamos que el escenario es como el lienzo de un pintor, su pintura es un intenso y expresivo híbrido de la música 8bit de Sega, gritos transexuales, risas constantes, tierras simples y fantásticas, enigmáticos diseños en cuanto a vestuario e iluminación. El uso más sencillo y básico de los elementos del teatro ejecutado de manera elegante, conmovedora y entretenida.

Arte de Tim Green
La primera obra que fui a ver se llamaba Yerba y Azúcar. Es un musical en 8bit que cuenta con sólo dos personajes. No te sorprenderá saber que uno se llama Yerba, el otro Azúcar. La obra se desarrolla con un estilo musical muy divertido, contando la historia de yerba y azúcar desde sus orígenes en el campo hasta su llegada a nuestras mesas. Pero nada es tan sencillo como suena. Las canciones tienen letras agudas con comentarios sobre las percepciones modernas de la homosexualidad, la religión y la política.
La segunda obra no es una continuación en el sentido tradicional. Bucles es a Yerba lo que Jackie Brown es a Pulp Fiction. También es una instalación literaria. Dos miembros del público son elegidos y se los invita al auditorio donde son expuestos a tres escenas distintas. Se oyen instrucciones desde un altavoz en el rincón. Aunque yo elegí no obedecerlas, después dijo Lolo que las debería haber seguido. Caminamos de una escena a otra, los actores permanecían congelados o se animaban para actuar su papel. Todo termina cuando nos acomodamos en dos asientos en un rincón del cuarto, todos los actores reviven, cantan y bailan durante 5 minutos antes de congelarse de vuelta y el altavoz ordena salir.
La tercera, llamada YO, es una comedia ingeniosa. Trata de una mujer que finge ser Ricky Martin. Confiesa que aunque él (o ella) sea un joven fachero, le gustan los chicos. Aunque es talentoso, su carrera es un desastre. La multitud no paraba de reírse. La obra está basada en la autobiografía de Martin (Lolo me mostró el libro en su casa) jugando con sus palabras para crear una historia zarpademente buena.
Ni hablar que Lolo es un talentoso dramaturgo, pero todavía es nuevo al mundo de teatro. Antes laburaba de artista, vendiendo sus obras, pero decidió salir del competitivo mundo de arte comercial. Para un hombre cuyo placer más grande es la marihuana, y que piensa que la felicidad es, en una sola palabra, un beso, es lógico cambiar la venta de arte por el teatro.
Se puede ver Yerba y Azúcar en el CC Matienzo (Av. Cabildo y Matienzo, Belgrano) mañana, viernes 18 de junio y el sábado 25 a las 21 hs. También podes caer en su fiesta semanal, Dengue Dancing, todos los jueves en GONG.

















































































































































