por Paola Piersantelli & Kevin Vaughn
Fotos de Kevin Vaughn
Tifa Rex no puede estarse quieto. Es una tarde de sábado tranquila y relajada en la ciudad sureña de Adrogué. Estamos sentados en el piso tipo indios en una alfombra con manchas de birra en un pequeño depto arriba de una pequeña galería barrial. “Hurricane” de Bob Dylan suena de fondo en “repeat”. La mitad del departamento es inusualmente limpio, con pisos de Madera, decorado con muebles antiguos, y una foto de Freud que cuelga junto a un Picasso, es el consultorio de la mamá de Tifa y Nica, una psicóloga. La otra mitad, donde es que nos encontramos pasándonos una botella de Paso de los Toros, les sirve de estudio a los tres miembros de Los Reyes del Falsete – Tifa Rex (batería y voz), Nica y Juanchi Manchi (ambos en guitarras y voces). El cuarto está atrincherado de equipos de música y una cama deshecha en un rincón. Publicidades vintage yanquis cuelgan de la pared, una de New Man jeans, tiene a una mujer agachada, cola hacia la cámara, con un pequeño muchachito sosteniendo su chaqueta, mostrando el buen calce del jean.
El cuarto se siente familiar. No solo las manchas de cerveza, que nos invitan a una explosión de borrosos recuerdos universitarios, sino también porque esta larga habitación sirvió de hábitat para la colorida tapa de “La Fiesta de la Forma”, el primer LP de la banda.


Tifa sigue inquieto. Su constante movimiento esta en discordancia con su actitud relajada. Golpetea sus dedos contra sus pantalones chupines. Arranca cachitos de madera del borde de la vieja cama donde se recuesta, hacienda trizas los pedazos. Viste el uniforme estándar del “indie”: una remera de Leo Matioli y un bucito con capucha que compró en una feria americana, unas Topper negras , anteojos (de ver) estilo Ray Ban de marco y patillas color negro, lentes limpias y un peinado despeinado. Su limpia cara ha sido tomada de rehén por un bigote desarreglado. De hecho, los tres tipos tienen bigote, “total coincidencia” nos aseguran.
“Yo soy muy de que no puedo parar, medio nerviosito, las manos los pies…” nos explica Tifa, mientras toca la bateria con sus dedos sobre sus piernas: “siempre golpeteaba en el tablero del auto cuando iba con mi viejo, todo el tiempo golpeando… y mi familia me decía: ´¿No querés ser baterista?´ ”

Nica está sentado frente a Tifa. Tiene puesto un cárdigan turquesa y una remera simple color amarilla. Es verborrágico, y habla con absoluta sinceridad, haciendo contacto visual cuando habla. Nos falta un miembro de la banda, Juanchi Manchi, los otros dos nos dicen que ha estado hibernando los dos últimos días. Llega unas horas más tarde cuando estamos finalizando nuestra entrevista. Pero esto no es anormal, si tienen que empezar a preparar todo para un show a las 6, Juanchi Manchi llega a la sala tipo 7. Juanchi Manchi es una contradicción con patas – es alto y desgarbado, una apariencia física de grandes proporciones. Medio que se parece a Peter Fonda sus días de “Rebelde sin Causa” como fue traducido acá el clásico “Easy Rider”. Pero también es medio tímido, o al menos comparándolo con sus bien desenvueltos compañeros, aunque siempre está dispuesto a tirar el chiste justo en el momento correcto. Según el resto de la banda, Juanchi Manchi es el “lindo”, según él es el más falsete de la banda.

Hay una química increíble colgando del aire. Hablan entre ellos rápidamente, uno encima del otro, tirando chistes, constantemente sonriendo. Da la impresión de estar espiando una conversación privada entre hermanos en vez de estar en una entrevista. Están contándonos de una fiesta en Capital a la que fueron la noche anterior. Evento onda alfombra roja. Aspirantes a estrella, bocha de minitas lindas, y la chica crítica de cine del canal TN.
Esto podría empezar ser normal para la banda, la cual estuvo recibiendo un montón de atención desde el año pasado. Este año se embarcaron en una gira por toda la Argentina, siendo invitados a tocar por muchas ciudades. No fueron tentados por productores, pero sí por fans y amigos, quienes los invitaron a tocar en shows locales y quedándose a dormir después en sus casas. Estaban shockeados cuando la gente cantaba sus canciones. Hasta los pasaron en una radio de Brasil, como “Os Reys del Falsechi”, y revientan en risotadas al pronunciar el acento portugués. Y la lista de todos los shows que tienen se extiende hasta navidad. Grandes conciertos como uno reciente en el festival Dr. Lemon y más chicos como los del Tío Bizarro de Burzaco, o los del bohemio bar Plasma, en La Boca. Todo esto a los reyes les parece surrealista, quienes todavía se ven como una bandita de barrio, “No nos vemos haciendo esto a los 50”.
“Siempre antes de los shows digo ´no va a venir nadie´“, nos dice Nica, pero cada fin de semana que tocan (y últimamente estuvieron tocando todos los fines de semana) se sorprenden de tocar a sala llena. “La gente viene de re lejos a vernos. Me empecé realmente a sorprender cuando empecé a ver gente que no conocía, gente que nos venía a ver a La Plata y se iban sin saludar”. Los Reyes están en su burbuja, se sienten una banda barrial, inseguros de querer hacerse cargo de su popularidad under.

Llevan vidas comunes. Tifa y Nica viven con sus viejos, Juanchi Manchi con su novia (¡Sí chicas pónganse tristes!) Tifa estudia Composición con Medios Electrocústicos, Nica Filosofía (aunque admiten que toda su concentración se la dedican a la banda). Juanchi Manchi labura en el negocio familiar. Convertirse en músicos “profesionales” nunca fue parte del plan. Ningún gran sueño de volverse famosos “¿ser un rockstar patetico todo “pacheco” tomando whiskey todo el día, tratando mal a todo el mundo para mantener el personaje, un icono falso? ¡Si eso es el rock, no queremos eso ni ahí!”. Siempre les gusto la música, y siempre prefirieron ir a recitales antes que a un boliche. Se rodean de amigos con los que comparten ideas, y cuando no lo hacen “se generan interminables polémicas artísticas súper constructivas” nos cuentan, por supuesto, riéndose. Y así es como la banda empezó. Humildemente. Luego de pasar la adolescencia con tocando entre amigos “boludeando”, se decidieron a formar una banda estable.
Así empezó Los Reyes del Falsete. Nica y Juanchi querían resucitar una vieja banda y se acercan a Tifa (que ni tocaba) si quería ser el batero. Nica, imitándolo con un tono medio gilún dice “¡Yo no quiero tocar, a mi me gusta escuchar música!” Y la imitación es un completo acto de amor, una increíble amistad que viene creciendo desde la infancia. Las madres los llevaban y traían de la escuela, año tras año de fiestas de cumpleaños, “tengo fotos de cuando era re chiquito en el cumpleaños de Juanchi que me mandaban y yo ni quería ir”.
Comparten un gran sentido del humor, algo considerado por ellos de gran valor para su amistad y para la banda en sí. Hasta se deshicieron de un bajista porque no pudo entender un chiste. Justamente el que le da el nombre a la banda. Los Reyes de Falsete, siendo éste último un truco para emitir una finita voz artificial. Encuentro este un buen momento para contarles que los chicos son fans de los Beach Boys.
Todo esto provee a la filosofía de no querer ser tomados demasiado en serio. Ellos se ríen cuando la gente se refiere a sus cuatro primeros álbumes, que para ellos, no son discos para nada. La Fiesta de la Forma es el primer y único álbum. Las cuatro primeras producciones, El Último Nectae, Disco Duro, Las Ciclovacaciones and Uno de Flores, “son vacaciones en la costa con amigos, grabando las flasheadas que salían, inclusive en un tema sale un vecino pidiendo que bajemos el volumen” y así es exactamente como suenan: salvajes, sin pulir, divertidos; completamente diferentes del álbum, un simple pedazo de magia musical.

Es juguetón, los ritmos de las guitarras y la batería se mezclan suavemente, creando un pulso al cual es muy fácil bailar junto con las letras que son rápidamente memorizables. Y son las letras, que al escucharlas de cerca, son el corazón del disco. Son naturales, auténticas de los pibes – poemitas energéticos acerca del modo en que ellos ven al mundo, la manera en que vieron a la música, enlazadas con una tangible facilidad para escucharlas.
Tomemos de ejemplo a la letra de “La Fiesta de la Forma”, medita sobre el tiempo y el cambio, no tiene escapatoria, una fuerza constante, siempre en un proceso evolutivo constante. En una fiesta, la forma y la deforma se encuentran, el pelo se cae, la cara cambia, y algo nuevo se crea, como un ave fénix renaciendo de las cenizas se alza una nueva forma.
Las letras son pensadas, y luego inesperadamente, irrumpen los aplausos, y más adelante un grupo de gente suelta un fuerte grito aborigen. Es simple y excitante, y en pocas palabras eso es Los Reyes del Falsete.
Pero en vivo no es simple la cosa. Verlos es un poderoso recordatorio que el rock puede también ser una hermosa experiencia. Algo mágico que une a la gente, por el simple bienestar de bailar, de cantar con tus amigos, y perder las formas por un par de horas.
Nuestro primer encuentro con los “verdaderos” Reyes fue hace más de un mes e Plasma, un pequeño escondite indie en La Boca. Plasma es un barcito en el medio de la nada, en las cercanías de San Telmo y a unas cuadras de Constitución, al pasar por la puerta jamás sabrías que eso es un criadero del creciente under indie. Un patio para una ciudad cada vez más inclinadas a lo alternativo. El lugar no se llena, el reci “empieza” a las 23, y la (pequeña) multitud no empieza a caer hasta las 2. Nosotros llegamos puntualmente, esperando en el lugar vacío y encontramos la vereda llena de fumadores de veintitantos, y el interior se iba llenando de chupines y zapatillas “botitas”. El lugar se llenó, y todos habían ido (algunos desde Adrogué) a ver a Los Reyes.
El concierto empezó tranqui con Javi Punga y la alegría que lo caracteriza, y empezó un lento chisporroteo con una estridente performance La ola que quería ser chau. Y luego, Los Reyes. En un instante se armó la fiesta. Jugábamos al vóley con globos que flotaban en el aire de un lado al otro. Todos cantaban las letras. Las chicas gritaban los nombres de los chicos. Los chicos hacían chistes joviales con la gente entre los temas. Al final, todos los músicos de las bandas subieron al escenario y cantaron un último tema “La Fiesta de los que se enamoran de nada” que también fue el nombre de la fiesta esa noche. Fue una experiencia asombrosa, y la terminamos como debe ser, dos amigos compartiendo la birra final y una hamburguesa en la panchería.





















































































































































