por Carla Harms
Traducido por Christine-Marie Andrieu
Como la artista misma, la exposición “Obras 1959-1989” de Marta Minujín en el MALBA es medio un trip. Guiando al espectador a lo largo de un período de 30 años del trabajo más prolífico de la influyente artista argentina, la curadora Victoria Noorthoorn abordó la grandísima tarea de mostrar no sólo las obras materiales del período pero de además revisitar los proyectos llamados “happenings” y “environments”, que se trataban originalmente de arte interactivo en vivo. El desafío con una exposición como esta yace en el hecho de que la mayoría de las obras nunca fueron pensadas para ser exhibidas en un museo y por lo tanto no pueden ser mostradas de una manera convencional. El resultado es mucha documentación, y por este motivo se necesita bastante tiempo para procesarlo todo. Sin embargo termina valiendo la pena no sólo porque salís con una mejor comprensión de Minujín y su mundo pero también porque sentís haber hecho tu propio viajecito a lo largo de las décadas del 60 y 70.
La exhibición comienza con algunas obras tempranas de Minujín, incluyendo dos óleos abstractos y una serie de obras informalistas y abstractas de principios de los 60. Oscuras, texturadas y térreas, a primera vista no parecen hechas por Minujín, reconocida por sus coloridas esculturas de colchones pertenecientes al Pop Art. Pero lo que estas obras sí expresan es un interés hacia dos grandes temáticas: primero, la experiencia del espectador de arte en el espacio, y segundo, una incursión en el uso de objetos y materiales cotidianos o encontrados. Ambas temáticas continúan presentes de diversas formas en el resto de la muestra.

Dada la gran cantidad de documentación y obras, sería imposible explorarlas todas en este artículo. Pero hay algunas que definitivamente no pueden dejarse de mencionar. La primera es Eróticos en Tecnicolor, una serie de esculturas de tela de colchón cosida a mano y pintada, que empezó mientras vivía y trabajaba en París y con la cual sigue trabajando hasta el día de hoy. Con títulos evocatorios de la actitud libre de los hippies (como All the lovely people y Para hacer el amor inadvertidamente), las esculturas emiten una vibra decididamente sesentosa. Una en particular, Revuélquese y viva, es una pequeña habitación hecha de colchones donde -en su exposición original- los espectadores podían ingresar. Esta obra, junto con la Soft Gallery (1973), una habitación hecha de 200 colchones de una plaza donde también el público es invitado a ingresar y experimentar, resaltan el interés de Minujín por la relación espectador-espacio dentro del contexto del arte.


La temática de los colchones es una de las más impactantes de la exhibición y también se evidencia en una de las obras más excitantes, Mayhem, que fue además uno de los proyectos ambientales de Minujín. Una de las 16 situaciones presentadas por la artista en 1965 en el Instituto Torcuato Di Tella (Buenos Aires) se trató de una habitación con una cama donde una pareja se sienta y dialoga como lo haría antes de acostarse a dormir.
Laboriosamente reproducido en el MALBA para reflejar el diseño original, el ambiente incluye 2 actores acostados juntos en la cama conversando como si no hubiera nadie más allí. Mirar y escucharlos es una experiencia muy extraña. Si bien sabemos que estamos observando 2 actores, es difícil deshacerse de la sensación que estamos invadiendo el espacio privado de alguien, lo cual agrega una capa interesante a la obra y es además el fin último de Minujín. Al crear situaciones que resultan extrañas y vergonzosas para cualquiera que las acepte como reales, la artista desafía la noción que tiene el espectador del tiempo, habitilándolo a experimentar libremente las sensaciones.

Si bien no escasean los happenings interesantes documentados por la muestra, uno en particular me llamó la atención. Minujín habló un poco al respecto durante una charla con la curadora que tuvo lugar en el MALBA el lunes siguiente a la inauguración de la muestra. Conocido como Visual Event, el happening se situó en el estadio de Peñarol (Montevideo, Uruguay) en 1965. Allí, influenciada por la película 8 ½ de Federico Fellini, Minujín reunió un grupo de motociclistas, 20 mujeres gordas, 20 fisicoculturistas, 20 novias y novios envueltos en cinta adhesiva y 20 mujeres bellas...todos listos para interactuar con el público. El resultado? Las mujeres bellas besaron a los hombres del público mientras los fisicoculturistas alzaron a sus esposas, las gordas se revolcaron en el piso... Mientras tanto Minujín entraba en la escena vía un helicóptero desde el cual arrojó 500 gallinas vivas, lechuga y harina arriba de los participantes. Aparentemente el happening de 10 minutos obtuvo bastante prensa internacional luego de que la cosa se desorganizó. Un participante llegó a decapitar una gallina viva para pintar con su sangre.
Si bien los visitantes del MALBA no pueden experimentar los happenings originales, la exhibición logra crear una experiencia visual intensa. Pasando las salas de los colchones y con dejos de música de los sesenta de fondo, un sector te invita a una habitación oscura con pinturas fluorescentes en el suelo, donde además se proyecta un filme psicodélico en una pantalla grande y las paredes están cubiertas de obras collage de light box. Sumado a los trajes de hippie hechos por Minujín colgados afuera encima de una silla naranja redonda, la experiencia tiene algo de circo sensorial. Pero acaso podemos esperar algo menos de la artista que, proyectada en una pantalla de video usando gafas de sol violetas con lucecitas que titilan, invita al público a subir al piso siguiente para ver el resto de la exhibición? Indudablemente es una artista argentina que ha logrado que el país entero haga eso mismo – seguir explorando la idea de que el arte es mucho más de lo que creemos que puede ser.

















































































































































