Diez días nublados, helados y con lluvia precedieron a mi encuentro con Soema Montenegro. Sin embargo, ese mediodía, casi como un cliché, el cielo se despejó por completo, así que no dudamos ni un segundo en sentarnos a tomar un té de jengibre, menta y miel en la vereda de un barcito de Palermo. No fue tan fácil encontrarla en la ciudad (pasa casi todo su tiempo en su casa en Haedo, en el oeste del conurbano bonaerense) pero, antes de su primer ensayo con las obras de León Ferrari para Las Esculturas Sonoras de la mega-muestra Tecnópolis, charló un ratito al sol.