Ian Mount se sienta con Sebastián Friedman, uno de los fotógrafos más interestantes de Buenos Aires. La mayoría de las técnicas utilizadas por los artistas para atravesar el “cuarto muro” y llegar a la audiencia -por ejemplo, salir del escenario y abordar a un miembro del público durante una obra de teatro o mostrar cuadros en el baño de un boliche- ya fueron tan explotadas que pasaron a ser chistes sin gracia del mundo artístico. Sin embargo, dos exposiciones recientes del fotógrafo Sebastián Friedman pusieron fin a este cliché. En la muestra Domésticas, presentada en la Biblioteca Nacional, Friedman expone una recreación a escala real de la deprimente habitación de una mucama donde pueden verse, por un lado, incómodos “retratos de familia” que muestran mucamas con cama adentro junto a los empleadores que las alojan en semejantes pocilgas y, por el otro, fotos felices de las mismas mucamas con sus propias familias. Por otra parte, Cartoneros -una exposición de fotos de revolvedores de basura mostrando los tesoros encontrados- se hizo en el lugar donde se sacaron las fotos de la muestra: una fábrica casi destruida del barrio de Lanús donde los cartoneros venden sus hallazgos. Lejos de ser intentos baratos de un estudiante de arte, las muestras de Friedman han generado una especie de malestar que cobró fuerza a partir de las contradicciones de la vida moderna en Argentina. En el país que es famoso por poseer la clase media más numerosa de Latinoamérica, y que se enorgullece de una auto-proclamada solidaridad entre ciudadanos, ¿cómo justifica la clase media el hecho de emplear mucamas con cama adentro que viven en diminutas habitaciones cerca de la cocina? ¿Por qué miran para otro lado cuando la gente de las villas miseria revisa la basura noche tras noche? ¿Tienen idea de cómo vive esa gente, o siquiera dónde? El día anterior a su partida hacia Marruecos, visitamos a Friedman en su hogar, un departamento bohemio y de luces tenues en una casa chorizo del barrio de Boedo. Con su barba candado y discurso reflexivo, Friedman transmite una cierta frialdad y al mismo tiempo genera una cierta fascinación. Lo mismo puede decirse de sus retratos, que muestran sujetos emocionalmente distantes con fondos tan saturados de color que parecen pintados. Comenzamos con la pregunta más difícil y aún así la más corta: ¿Por qué?
¿Cuál es el objetivo de las fotos de familias con empleadas domésticas y las fotos de las familias de las empleadas?
Mi deseo de fotografía aparte de la incomodidad, cosas que me molestan o no me parecen normales; la fotografía es un reflejo que pueda dar cuenta que eso que todos los días se observa y que parece normal no es normal… El tema del trabajo sobre familias y empleadas domesticas, a mi me interesa el tema del empleo domestico porque yo he convivido por toda mi infancia con una empleada domestica en mi casa y veía que en esa relación había algo extraño, algo raro. El hecho de vivir con una empleada conmigo debajo del mismo techo, ya crea algo raro y la relación entre lo que la empleada conoce de sus empleadores y lo que los empleadores conocen de la empleada también es desigual. Muchas cosas, como las distintas formas de que nombrar a la empleada domestica, “la señora”, “la chica”. Hablan [las fotos] un poco de lo que es difícil hablar. Así que lo que las fotos hacen es incorporar la empleada domestica en la familia. Es una situación incomoda porque no es de la familia—es como de la familia. La decisión de mostrar la familia de la empleada completa las imágenes.
Al menos para mí, las domésticas parecían mucho más felices en las fotos con sus familias que en las fotos con las familias para las que trabajan. ¿Les pediste que posaran?
En algún momento lo llamaba como un especie de falso documental. Porque trabajas con elementos de la realidad y los manipulás de acuerdo a tu deseo. Yo elegía el lugar donde iba a hacer fotografiados... La actitud es la actitud que querían ellos. Bueno, serios o así, quietos. También, mas allá de la historia que yo podía imaginar o que podía existir, cuando el observador de una exposición o donde que se vean esta fotos, empieza a meter su propia historia de lo que está pasando ahí. “Mirá que triste que está,” o “Mirá que integrada está la familia,” pero en realidad no sé si la fotografía dice eso. Lo que sí permite la fotografía es que cada persona reflexione y se crea su propia historia sobre ese tema y un poco de eso…como abrir el juego sobre un tema del que no se habla o no se habla muy poco. Que sé yo. Debe ser incomodo también para la clase media progresista tener una empleada domestica. Como convive su ideología con un sirviente? Porque es sirviente. Te cocina la comida, te cuida al pibe, limpia el baño. Por más integrado y buena onda que hay, hay una relación innegable entre el que sirve y el servido.
¿Qué pensaron las familias y las empleadas domésticas cuando vieron las fotos?
La mayoría está contentos. Primero, por tener un recuerdo, unas fotos muy lindas de la familia. Y después, bueno, la cámara tiene como esa cosa…aparecer en una cámara o ser filmado o ser fotografiado te da como existencia en estos tiempos. Me acuerdo a una señora que fue fotografiada con una familia en Salta y cuando me iba y me dijo, “Gracias por tenernos en cuenta.” Lo pensaba como un especie de homenaje a las empleadas domesticas. Para me dar visibilidad es homenaje. Para mi es un personaje que fue muy importante. Cosas buenas, cosas malas, pero fue importante.
En la exposición que se hizo en la Biblioteca Nacional, construiste una dependencia de servicio completa, con paredes manchadas por la humedad y una camita que daba lástima. ¿Por qué?
A mi el espacio de la biblioteca la verdad no me gustaba. Entonces, quise buscarle la vuelta para que no sea simplemente por fotos en la pared. Para mí, eso está como deprimido. Salvo si lo que queramos es vender fotos, bueno, ponelas en la pared y pasa la gente y dice, “Esa me gusta para decorar mi casa,” y la compra y así. Pero si pretender decir otra cosa me parece que tiene que pasar algo más. Que sé yo… Las habitaciones son estos espacios mínimos. Es raro que la persona a que le das tantas cosas importantes de tu vida—a cuidar tu casa, a tus hijos, etcétera—tenga el peor espacio de la casa. Loco, que onda? Ves los planos de departamentos de 300 metros cuadrados, y la habitación de servicio s 2x2. Hijo de puta! Con 300 metros cuadrados no le pudo dar algo un poco mejor.
Las fotos de los cartoneros fueron expuestas en una fábrica de Lanús donde los protagonistas de la muestra suelen vender sus hallazgos, y la inauguración de la exposición contó con una gran cantidad de ellos. ¿Cuál era tu objetivo?
A los que iban y nunca estuvieron en un lugar así, se ilusionaban. Es un espacio surrealista, rodeado de basura. Es una zona post-industrial, como una industria en decadencia argentina, el Riachuelo... Para la gente de la capital, cruzar a provincia ya es un viaje. La propuesta tiene que ver con todo eso, con mostrar un poco de ese universo y no solo las imágenes, pero como, “Metete ahí”… Es como una prueba. Sacar el trabajo artístico de lugar de exposición donde el que lo ve está cómodo, en un lugar protegido donde sabe lo que va a pasar. Las fotos estuvieron ahí, entre la basura y tenías que tener cuidado no lastimarte, no caerte, no meterte la pata en un charco de agua podrido. Me parece que genera otra relación. Sentir los olores que había en el lugar, ver a la gente en vivo, crea un espacio no tan seguro. Y esa me interesa. A pesar de que participo en exposiciones en galerias, museos cuando admitan, la verdad es que me parece si tiene una propuesta que va más allá de lo estético, quedas es ascuas.
¿A qué te estás dedicando actualmente?
Ahora particularmente estoy haciendo y trabajo sobre las rejas que aparecen en las casas, balcones enrejados, los negocios con rejas, mostradores con rejas. Sobre gente que pasa muchas horas detrás de rejas y por que elige eso, por sentirse seguro. La locura de seguridad me parece que está en auge. El auge, a partir de 2001 y que sé yo, creyó un paisaje de rejas que no existía. No sé, yo me acuerdo ir al kiosco a la noche, estaba abierto, y ahora los kioscos parecen jaulas. Capaz cuando vos vas a comprar la Coca-Cola o lo que sea parece normal, pero a mi no me parece normal. Y no me parece que sea una solución tampoco. Me da la sensación que la gente se cree ilusiones de seguridad, que no existe.
También hacés avisos publicitarios para VW, MTV, etc. ¿Cómo equilibrás eso con tu trabajo personal?
Yo empecé trabajando de asistente, a fotógrafo de publicitarios. Y empecé a hacer yo mi trabajo de publicitarios en 2000, 2001. A veces me genera más contradicciones. Algunas veces más, lo hago y lo resuelvo y mando mi factura y vuelve mi cheque y todos contentos. Con lo general, cuando empecé era más entretenido porque era más novedoso y había más posibilidades de meter…de involucrarte, de aportar ideas. Ahora no tantos proyectos están interesantes para hacer, es mejor resolver con oficio bien una situación planteada pero no mucho más que eso. Trabajo mucho con niños, hago muchas fotos para Pampers, y es una locura. Pero a mi me gusta hacer publicidad. Me genera contradicciones estar colaborando a seguir vendiendo porquerías pero como trabajo me gusta.
¿Qué consejo tenés para los fotógrafos que quieren vivir del arte?
En otro país, donde haya cultura de coleccionismo y otros movimientos, fundaciones y gente que pone plata en el arte es mucho más sencillo. Acá hay como cinco fotógrafos que viven de su trabajo personal y el resto, algunos trabajan en publicidad, editorial. Que hacer? Para mi un buen comienzo es trabajar de asistente a otro fotógrafo. Mi formación, más allá de la escuela donde aprendí usar los elementos y las maquinas, estuvo dado en eso. Y después, bueno, hay que tener fe. Todos tenemos miedo. De todo. Vos podés convivir que ese miedo sin que te paralice.
¿Las fotos de las empleadas domésticas y de los cartoneros están a la venta?
De las familias domesticas me compraron unas una colección en una universidad en los estados unidos. No soy muy vendedor de fotos. La verdad es no sé porque.
Ian Mount es un escritor independiente que vive en Buenos Aires. Para mas Sr. Mount visita Good Airs. Esta nota fue publicada originalmente en Wicked BA #1. www.wickedba.com |